La discusión sobre cómo mejorar el servicio de colectivo en Santa Fe sumó un componente central que explica gran parte de las esperas en las paradas. Las rigideces de la normativa laboral actual, regulada por el Convenio Colectivo de Trabajo 460/73 de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), condicionan de manera directa la diagramación de las frecuencias, lo que dificulta que las empresas puedan reforzar las líneas en las horas pico y reducir la flota en los momentos de menor demanda.
El nudo del problema se encuentra en el Artículo 10 del convenio laboral vigente. Esta normativa establece una jornada diaria de 8 horas de forma estrictamente continuada, en sintonía con la Ley 11.544. En la práctica local, esto se traduce en turnos corridos donde se computa como tiempo de trabajo desde los preparativos iniciales hasta que el chofer queda liberado. Al sumar la media hora de descanso obligatorio que se integra en la rutina diaria y la exigencia de un descanso mínimo de 10 horas entre jornadas, el margen de maniobra para los inspectores que arman las planillas de horarios se vuelve extremadamente acotado.
El movimiento de pasajeros no es parejo: tiene picos muy marcados a la mañana temprano, al mediodía y al cierre del comercio, y valles profundos a la media mañana o a la noche. Como el convenio obliga a pagar jornadas completas y de corrido, las empresas se encuentran con un dilema logístico: si ponen más unidades a trabajar en las horas pico, esos mismos choferes quedan subutilizados durante las horas valle, o bien se debe incurrir en el pago de horas extras con recargo del 50%, lo que dispara los costos operativos del sistema.
Las cámaras empresarias y los analistas del sector coinciden en que este esquema, pensado hace más de cincuenta años, no se adapta a las necesidades actuales de movilidad urbana. Al no permitir esquemas de jornadas partidas —donde un chofer trabaje unas horas a la mañana y regrese para el pico de la tarde sin que corra el reloj intermedio—, el costo por kilómetro recorrido se eleva de manera insostenible para las finanzas municipales. En ciudades del interior como Santa Fe, donde el esquema de subsidios nacionales sufrió recortes históricos y el fondo compensador provincial tiene límites, la falta de flexibilidad se paga con menos coches en la calle.
Esta estructura rígida también exige el cumplimiento estricto de seis francos mensuales por conductor, lo que complica la rotación eficiente del personal durante los fines de semana. Cuando falta previsibilidad financiera y la tarifa está regulada para no licuar el bolsillo de los trabajadores, la imposibilidad de flexibilizar los turnos termina rigidizando las frecuencias que ves en la aplicación o en la esquina de tu casa.
Modificar o encontrar puntos de acuerdo sobre estas condiciones laborales requiere una mesa de negociación compleja entre el sindicato, las prestatarias y el municipio. Mientras tanto, el sistema opera al límite de su capacidad técnica, intentando hacer encajar una demanda de movilidad variable en un molde laboral fijo.
Sabemos que la previsibilidad es lo primero que buscás al salir de tu casa para ir a trabajar o estudiar. ¿Notás que la falta de unidades se siente más en los horarios escolares o al regresar a tu hogar? Dejanos tu comentario y compartí tu experiencia en las líneas que usás a diario.
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